En una mirada. XII Parte.
Una persona enamoradiza como yo no merecía conocer el verdadero amor. Siempre rechazaba las buenas oportunidades y anhelaba lo imposible; Rechazaba a una linda persona para soñar con amores guajiros, historias que jamás se iban a construir.
En el homenaje ahí estaba Ithas mirándome, Erick también.
Ya no sabía que hacer; me estaba enredando en tres historias: Ithas, Erick y Jorfran. Y lo más patético del caso es que ninguna se concretaba. Siempre que veía al “elegido” los otros dos hacían algo mejor. Nunca hubo una mejor opción.
Ithas era muy inmaduro para una relación aún, Erick no era agradable para mí y a Jorfran apenas lo estaba conociendo…
Sencillamente Marco nunca tuvo la iniciativa de acercarse a mí, apenas si le gustaba, pero no se interesaba en tenerme como novia. Luego poco después me enteré que Erick iniciaba una relación con una chava que se llama Karina y bueno, Jorfran seguía ahí, pero nada era seguro.
Muchas personas me han dicho soy linda, bonita, guapa y que aunque no tenga el cuerpo perfecto, tengo más a favor que en contra. Esa maldita vanidad de estar perdiendo a dos pretendientes y quedarte con una opción no era no lo mío. Era frustración tan desgastante que hubo tiempo en el que intenté ser la “muñequita sencilla, amable y coqueta que todos amaban”. No funcionó. La belleza que todos veían en mí era interior; mi manera tan sencilla y natural de ser era lo que destacaba en mí. Nunca me gustaba maquillarme, usar peinados rebuscados o tomar una actitud de diva y aunque lo intente ese jamás va a ser mi estilo: La vanidad.
Todo el mundo se me vino encima, cuando llega la persona más sabia del mundo y me dice: “Tu estás acostumbrada a tener el mundo a tus pies; las mejores amigas, todos los pretendientes posibles y una vida llena de halagos, nunca te ha gustado ser rechazada”. Sentí que me ahogaba cuando escuché tal afirmación, ¡ERA TAN CIERTA!
La humildad se había ido de mis manos, la sencillez la había perdido y mi naturalidad era totalmente fingida. Ya no era la misma.
Ya no veía el amor como felicidad, lo veía como una imagen; un novio, admirador, pareja, simplemente compañía.
Era tan triste verme así. De ser una persona impecable y agradable pasé a ser fachuda, haraposa, cómo si no le importase su porte y ya no tanto como beleza sino como presentación.
Ithas me quería pero no era amor, no era para una relación, sólo un gusto; Erick ya tenía novia y aunque nunca lo quise, no podía soportar el hecho de que ya no me buscará.
Seguía siendo amiga de Jorge, pero ambos no estábamos convencidos de lo que hacíamos.





